si la vejiga aprieta

colesicabras nos ofreció una nueva experiencia: alojarnos por primera vez en nuestra vida en una caravana. Pero no una cualquiera: una caravana tuneada por una gran artista, integrada en el entorno y con reminiscencias hippies y bucólicas.

El romanticismo de la situación se vio retado la primera noche: las tres de la mañana y la vejiga aprieta. En otra situación, te sientas en la cama, tanteas el suelo con los pies en busca de las zapatillas, y te diriges al baño. Sin más.

Pero la caravana no tenía baño; el baño seco se encontraba en el exterior, a unos 20 metros. Así que, mientras nuestros oídos percibían el chisporrotear de la lluvia, nos autosugestionábamos: puedo aguantar, puedo aguantar…

Al cabo de una hora, ya no había excusa que valiera; pereza fuera, nos calzábamos con botas de agua, nos cubríamos con jersey y chubasquero, y nos lanzábamos a un sprint.

De vuelta con la vejiga tranquila y tras habernos desequipado -botas de agua, jersey y chubasquero-, la caravana volvía a tener su cariz romántico y bucólico.

Llovió durante siete días y sus siete noches; y la vejiga apretó cada una de ellas. Pero gracias a la vejiga y al sprint que nos exigía, oímos el croar de las ranas, vimos la luna entre las nubes alumbrándonos el camino, notamos el frescor de la noche, percibimos la vida nocturna de los gatos… sentimos la noche.

Si la vejiga aprieta, déjate llevar, algo te quiere mostrar.

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