una ligera inquietud

nuevos horizontes

Faltan pocas horas para que iniciemos nuestra segunda etapa de colesicabras. Una etapa que intuimos más densa, pues pasaremos más tiempo sin el contacto con la ciudad. Supone un respiro y a la vez trae una ligera inquietud, como todo lo nuevo, como todo lo que se deja, como todo lo que se abraza.

En los días pasados aquí, han sucedido hechos significativos: hemos vivido la gratificante mejoría de la salud de familiares por los que decidimos posponer la marcha; hemos dado la bienvenida a nuevas vidas que contra viento y marea se han agarrado a los vientres de sus madres y han decidido acompañarnos en este nuestro mundo a partir de la próxima primavera; nos ha confortado la llegada inesperada y “para quedarse” del amor cuarentón de una gran, gran amiga, que le alegra los días, las noches, porque se intuyen y se investigan con ojos, manos, corazón y ganas; y se encuentran sus almas, aún cuando no han formalizado cita previa.

Hemos asistido a la tristísima constatación de una frialdad fraterna, que intuíamos pero nunca imaginamos de tamaña dimensión, calado y dolor. Eso nos ha dejado el corazón pasmado y las palabras y el pensamiento no dejan de dar volteretas hacia delante y hacia atrás buscando el acomodo de la pena.

Hemos celebrado en la distancia y días después, en la casa, el casi, casi, nonagenario aniversario de uno de nuestros progenitores. Ni corto ni perezoso, puso mil kilómetros de distancia entre su rutina y su destino para visitar -por última vez, argumenta él- a su familia de origen. Quería despedirse porque a estas edades nunca se sabe. Y es cierto. Pues también hemos conocido el grave diagnóstico de un tan querido amigo de la familia que llamarlo amigo es casi ofensa, pues podría bien ser un hermano, un tío, un abuelo, de lo que se le quiere y de lo que él quiere…

Hemos acompañado al alumbramiento de un proyecto fraterno gestado desde hace mucho, que ahora toma al fin forma, y ha sido emocionantísimo recordar lo que ilusionan los comienzos, revivir la fuerza, la determinación, la valentía que hay que empuñar para lanzarse al abismo de la incógnita con la confianza de que sólo lo bueno puede tener lugar.

Y como broche, hemos festejado el ‘ecuador’ de otra estimada compañera de vida que se siente cada vez mejor con su presente y su pasado, y sólo necesita un poco de purpurina para ir gozando de su futuro.

En este tiempo transcurrido en la city y en nuestras cocinas se han hecho bretzels, pasteles, cocas, guisos de nuevos sabores, panes y peces, infusiones y cataplasmas…en verdad, se ha respirado vida a diario.

Y ahora esta inquietud; por la sospecha de las cosas que van a mudar, para siempre, y de que nunca volveremos al mismo lugar que ahora dejamos temporalmente.

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