la vida a 30 por hora

la vida a 30 por hora

Cuando vives en rural, far, far away from the city, de cualquier city, es muy aconsejable no circular a más de 30 km/hora; en caso contrario, puede suceder, en primer lugar, que te pases de largo el pueblo, pues suelen ser tan minúsculos que entras y sales de ellos en un acelerón; y buscando de nuevo la entrada, podrías caer en uno de esos bucles infinitos de los que no emerges en horas buscando el pueblito bueno.

También puede ocurrir que te lleves por delante a la sra. Piedad y a sus amigas que cada tarde –‘mientras haga bueno, como este viento sur tan rico’– salen con sus sillas y acomodos a la placita recogida y se cuentan, recuerdan, repiten, y no importa casi lo que dicen, pues ese murmullo vespertino a diario las acuna en su soledad y las sosiega ante la incertidumbre del otoño y la del invierno de sus vidas.

Asimismo, puedes perderte la ilustrativa banda sonora de la clase de repaso ‘al sol’ que una madre, entregada a la crianza, da a su hija mayor en un delicioso mini-jardín-parque-público, rodeado de flores y arbolitos, al que la naturaleza alfombra de césped y cuyos vecinos arreglaron en su día con una hermosa y rústica fuente que mana agua del vientre de la montaña. Mientras, el hermanito pequeño juega a inventarse la historia número 1000 de su infancia a la que ponen los efectos especiales los trinos de pajarillos, los relinchos de caballos y las esquilas de las ovejas que pastan a lo lejos.

Podrías, en el peor de los casos, causar males mayores, pues las cuadrillas infantiles, en un desequilibrado y sanísimo mix de edades y géneros, juegan en las calles y en las plazas, sin padres, ni tíos, ni abuelos, ni amigos vigilándolos con 16 ojos por si se manchan, si se rozan el pantalón nuevo, o se suben a un escalón y se caen de ‘tamaña altura’.

Y con muy mala suerte, por último, podrías incluso darle un disgustazo de padre y señor mío a Don Pedro, que ha puesto a secar las vainas al sol junto a la puerta de casa ‘antes de que lleguen las lluvias’, sin recordar, porque casi nunca le hace falta, que su calle es estrechita, y porque las callecitas de los pueblos a 30 por hora las soñaron las personas para otras personas y sus animales, y que un artefacto de cuatro ruedas…chof, chof…

Como sugiere Gustavo Duch, reivindicamos firmemente la lentitud, sí, y, como él, citamos también a Fernand Léger: “la vida seria avanza a tres kilómetros por hora, es decir, al paso de una vaca en un camino”. Así que ya sabes.

 vainas la prada

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